Lunes, 3 de agosto de 2020
20.01.2010 - 21:29h. [ Comenta la noticia ]
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NCAA Profiles: Lance Stephenson (Cincinnati)



#33 Lance Stephenson


Brooklyn, New York – 5/11/1990
1’96” – Alero
Cincinnati Bearcats




Born ready. Bobbito Garcia, uno de las voces de Rucker Park, denominaba así a Lance Stephenson tras ver una de las numerosas exhibiciones del que muchos ya colocaban con tan sólo quince años como un nuevo mito nacido de las canchas callejeras neoyorquinas, a la altura de predecesores como Stephon Marbury o Sebastian Telfair. Tanto le gustó el nickname a Lance que acabó tatuándoselo en su bíceps derecho. De hecho, así lo creía el mismo, estaba preparado y predestinado a ser grande. El de Brooklyn es una de las más destacadas figuras de la espeluznante tendencia (esa mezcla de egos desmedidos, rap, músculos, blocks, cintas de pelo y highlights de youtube) que está invadiendo la NCAA.





Con un físico privilegiado, Lance Stephenson siempre destacó en una cancha de baloncesto. Coordinación y buenas manos para el dribbling y la penetración a canasta le servían de escuderos. Su padre, Lance Stephenson Sr., conocido como “stretch”, había jugado en la modesta UC Santa Barbara. Como muchos padres, su principal preocupación era mantener a su hijo alejado de los tentáculos de las esquinas, las drogas y las bandas. Desde que Lance era pequeño quiso transmitirle competitividad y orgullo. Valores fundamentales cuando son bien entendidos y asimilados en su correcta medida. Correr por la playa o el barrio, ejercicios con pesas, abdominales a contrarreloj…eran parte del día a día de la adolescencia de Lance Jr.


Su portentoso cuerpo se modelaba según el plan establecido a medias entre la genética y los Stephenson. Y al mismo ritmo iba llegando el “glamour” de la notoriedad, los focos y las leyendas de barrio. Sus actuaciones en los distintos camps y competiciones de AAU y High School atraían la atención de los medios, marcas deportivas y toda la manada asociada al mundo del marketing. “I love the spotlight”, decía Lance, “I’ve been in the darkness for so long”. Sus entradas a canastas, sus mates, sus exhibiciones anotadoras, su carácter, aquel reto a O.J. Mayo a jugar un uno contra uno...Escritores y protagonista se alimentaban uno a otros y de dicha reciprocidad surgían las historias, los videos y mix en portales de internet y las portadas de las revistas. Hasta tal punto que Lance Stephenson se convertía en el protagonista de un reality show: bornready tv, un documental sobre su ascenso a la fama. Atentos a las dos frases de su primo. Lo único sensato del video.





A la luz salía todo lo bueno de Lance. Y también todo lo malo. Su ego, sus interminables problemas con compañeros y entrenadores por su individualismo (uno de sus entrenadores decía que en ocasiones pensaba que iba a ser capaz de cometer falta sobre sus compañeros para conseguir la posesión del balón), sus peleas y sus otras “exhibiciones”. Esos espectáculos como el protagonizado en el ABCD Camp de New Jersey donde, tras perder en la final y no ser nombrado MVP del torneo, montó un bochornoso numerito junto a su padre arrojando el trofeo de subcampeón al suelo y vociferando improperios dirigidos a la organización, los rivales y su propio equipo. Equipo que abandonó al día siguiente cambiándose de instituto.


Tratándose de un jugador de su tremendo potencial, lo más lógico hubiese sido que las ofertas de las grandes universidades se agolparan en el buzón de su casa. Pero muchas eran las razones hacían recular algunos de los más prestigiosos colleges de todo el país. Algunos recruiters llegaron incluso a culpar directamente a Lance Stephenson Sr. “Stretch” era la voz de su hijo. Omnipresente, allá donde Lance Jr. estuviese. Criticando a los entrenadores de su hijo a grito limpio desde la grada, interponiéndose en los procesos de reclutamiento. “Sólo quiero que mi hijo tenga una buena oportunidad”, decía.


USC, Memphis, Arizona, Indiana, St. John’s , Maryland y, sobre todo, Kansas. Esas parecían las principales opciones que barajaba la familia Stephenson en busca de una decisión que se tornaba interminable. Mientras iban apurando todos los plazos, las opciones se iban agotando. Su arresto en Octubre de 2008, con cargos de abuso sexual, iban “limpiando” la lista, a la vez que bajaba el telón de bornreadytv. La marcha de Calipari a Kentucky provocaba un baile de recruits que llevaba a Xavier Henry a Kansas, lo que le cerraba a Stephenson la puerta de los Jayhawks. Un farragoso asunto con la marca deportiva Under Armour, cuyo director ejecutivo forma parte del Boards of Trustee de la Universidad de Maryland suponía un nuevo tachón en el listado.


Los aspectos más oscuros conseguían ennegrecer la evolución de un chico que realmente era una de las mayores promesas de su generación. Su rendimiento en la cancha, a su estilo, llevaba al Lincoln High School a cuatro campeonatos de la ciudad de Nueva York consecutivos. Habilidad innata para el dribbling, potencia, fuerza, instinto anotador, competitividad…Los mimbres eran buenos. Pero para hacer una buena cesta hay que saber cómo entrelazar esas mimbres. Lance era llamado a la pre-selección del Team USA para el mundial sub18 que se disputaría en Nueva Zelanda. Stephenson fue uno de los cortes de Bob McKillop por razones de química con el equipo. El técnico de Davidson se explicaba con claridad: “en un partido de baloncesto, tan sólo el 5% del total del juego pasa por las manos de un jugador. El 95% restante es sin el balón en las manos. Lance debe aprender eso”.





Lance Stephenson se comprometía, sorprendentemente para casi todos, con Cincinnati. Un equipo muy físico, de juego tosco y potente, que la temporada anterior había hecho un buen papel en la durísima Big East. Un conjunto en el que su juego podía encajar y las miradas de todo el país al participar en la conferencia más complicada, de largo, de toda la competición. No era mal destino para un Lance que decía querer “un lugar que me ayude a mantener los pies en el suelo. Donde me sienta cómodo y pueda mejor mi juego”. Un pequeño destello de esperanza, un leve hilo de claridad mental, quizá.


Y si se observan con detenimiento los partidos de los Bearcats (servidor ha podido verles esta temporada frente a Vanderbilt, Maryland, Gonzaga, Xavier, UConn y Pittsburgh), pueden vislumbrarse entre las sombras esos destellos. Solo a ratos, cuestión de primeras partes o rachas dentro de los partidos, pero existen. Como si por momentos Lance se imbuyese en ese halo de juego colectivo y orden táctico que Mick Cronin intenta con todo el esfuerzo del mundo incrustar en la dinámica del grupo de atletas que dirige. El partido ante Pitt fue un perfecto ejemplo de los que es Cincy. Y de lo que es Lance. Una primera parte de cierto orden, jugada con inteligencia, con un Stephenson sensacional atacando el aro e incluso ayudando a circular el balón para intentar disolver la espesa defensa de los Panthers. La segunda parte fue otra historia muy distinta.


Algunos recruiters comentaban que Lance Stephenson corría el riesgo de ver involucionar sus habilidades. El peligro de creerse preparado. Incluso apuntaban cierto retroceso en su tiro en suspensión y en su manejo de la mano izquierda en el bote, además un pequeño indicio de problemas de control de peso en el futuro. Lo cierto es que el neoyorquino centra su juego en la entrada a canasta, con festival de movimientos (siempre con la mano derecha), crossovers y dribblings variados, como teloneros del espectáculo que su potencia y fuerza escenificarían al acercarse a la canasta. Pero aquellos escuálidos jovencillos de instituto que miraban impresionados los mates y bandejas de su rival son ahora rocosos jugadores (en ocasiones “monstrencos” mayores que el”) capaces de frenarle en seco incomodando sus finalizaciones en el aro. A pesar de ello sigue explotando muy bien esa, su mejor virtud. Pero para ser un jugador mucho más peligroso en ataque, mas aun de cara al nivel profesional, debe meterse en la cabeza que todavía no está preparado del todo. Que debe saber cuándo finalizar tras contacto y cuando buscar a sus compañeros (cuantas asistencias podría sacar de sus penetraciones…), cuando atacar el aro y cuando participar en la circulación de balón. Que debe mejorar muchísimo su tiro de media y larga distancia. 14’6% en triples, por cierto. Que cuando se sale del instituto no se ganan partidos con “balones a Will”.


Hemos comentado mil defectos. Y aun así Lance Stephenson es el líder en anotación entre los freshman de la Big East. 12’2 puntos por partido, a los que suma casi 5 rebotes y un robo. Lance tiene mucho (que no todo) para llegar muy lejos. Tiene un gran uno contra uno, una capacidad innata para el dribbling, potencia y velocidad para llegar a canasta. Es un jugador perfecto para jugar transiciones rápidas, que puede ayudar mucho en el rebote (sobre todo ofensivo) y que defiende francamente bien cuando se pone a ello. E, ironías de la vida, seguramente podría llegar a ser un excepcional complemento en un equipo campeón, en lugar de la estrella de un equipo roto. Otra cosa es que algún día pueda entender eso. Varias temporadas en la NCAA le vendrían de maravilla. Incluso dicen que su padre está más “calmado” desde que Lance está en Cincinnati. Veremos cuánto dura Stephenson en la universidad. Esperemos que mucho. Esperemos que alguien le haga llegar los videos de la temporada de Derrick Rose en Memphis. Born ready esta aun a tiempo. Al fin y al cabo, “we all deserve a second chance…to score”.



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Noticia publicada por Alejandro González

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