Martes, 27 de octubre de 2020
06.04.2010 - 08:53h. [ Comenta la noticia ]
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Final Four 2010: Duke cierra las puertas del cielo a la cenicienta (61-59)


#1 Duke 61
#5 Butler 59


- Duke Blue Devils:
Kyle Singler 19 puntos (7/13 FG, 3/6 3P)
Jon Scheyer: 15 puntos, 6 rebotes y 5 asistencias
Brian Zoubek: 8 puntos y 10 rebotes

- Butler Bulldogs
Gordon Hayward: 12 puntos (2/11 FG) y 8 rebotes
Shelvin Mack 12 puntos



Subidos en el podio, en silencio, juntos, mirando a la pantalla. Los jugadores contemplaban y escuchaban el “One shining moment”, el video recopilatorio del torneo que ofrece la CBS tras la final cada temporada. La explosión de júbilo se atemperaba un instante para saborear la gloria a través de la música y las sensaciones del momento. Mientras tanto, en las entrañas del Lucas Oil Stadium, la cenicienta lloraba la cercana distancia. Tras protagonizar una historia memorable, de esas que quedan para siempre en la historia del baloncesto colegial, Butler se quedaba a las puertas del cielo. Knocking on heaven’s door. Muy cerca, pero fuera. Una amarga sensación que ir’a tornándose en orgullo y dulce recuerdo cuando el paso del tiempo haga ver que un último traspiés no borra un paseo inolvidable.


La final quiso ser una representación perfecta de lo que ha sido esta March Madness 2010. Falta de calidad, de talento rebosante, de alto nivel, pero toneladas de emoción, pasión e intensidad. Centenares de pequeños grandes momentos, miles de detalles terriblemente decisivos. Ambos equipos quedaron desde el principio atrapados por la situación, por la tensión de las circunstancias. Difícilmente se pudieron ver dos acciones positivas encadenadas. La inspiración, cuando se conseguía abrir paso de forma tortuosa dentro de la rigidez y la espesura, era efímera.


Duke fue por delante casi todo el partido. Sus gotas de acierto eran más fluidas y constantes (dentro de la discontinuidad general). Kyle Singler, nombrado mejor jugador de la Final Four, ofrecía los mejores momentos técnicos, las mejores imágenes de precisión y seguridad ofensivas. Jon Scheyer, con un serio rostro que reflejaba convicción y concentración, estaba en todo. Con más o menos acierto, pero en todo. Intentaba dirigir en mitad de un desorden masivo, ayudaba al rebote, corría a cada ayuda que su equipo necesitaba y, de vez en cuando, encontraba el aro y daba un respiro a sus compañeros. Para Nolan Smith era un día especial por muchos más motivos, y quizá el recuerdo de su padre, que ganase el titulo 30 años antes en la misma ciudad, Indianapolis, le arengó y desequilibró a partes iguales. El escolta actuaba antes de pensar, se lanzaba antes de empezar a decidir que debía, quería o podía hacer.


Alrededor del aro se vivía otra historia paralela, cómplice fundamental en el éxito de los Blue Devils esta noche. El juego interior de Duke ha sido foco de críticas durante varias temporadas, y con razón. El comienzo de este final no fue para tirar cohetes, sin ir más lejos. Ni Lance Thomas ha respondido a las expectativas ni Brian Zoubek saca provecho, cuando coach K le deja, de sus centímetros. Pero este fin de semana ambos ha cumplido, a su manera, con sus achaques, con su cometido. Thomas tuvo una misión oscura, desagradecida, de las que pasan inadvertida para muchos, pero no para el resultado final de un partido. Tras batallar ante la batería de forwards de West Virginia, hoy era el turno de sacar de quicio a Hayward (que ya había llegado traspuesto por sí mismo a esta final) echando un cable a Singler en ello, de mantener el tipo ante los continuos mismatches que la mala rotación defensiva de su equipo le regalaba, de pelearse con Howard, de salir a las ayudas ante cada entrada de los pequeños de Butler. De no arriesgar ni equivocarse en ataque. El caso de Zoubek era más visible. Debe serlo cuando le sacas cabeza y media al jugador más alto del equipo rival. El gigantón pudo llegar a desesperar a algunos de sus aficionados en algunos momentos, pero se quedará para siempre con su parte de culpa en la consecución de un campeonato nacional. En el momento decisivo, Zoubek punteó el tiro de Hayward que buscaba la victoria, capturó el rebote y anotó el tiro libre que importaba. Su banquillo le ordenó tirar a fallar el segundo, por cierto. Alguien tenía que haberle explicado que había que fallarlo, pero de otra manera.


Butler llegaba a la gran cita de hoy tras derrotar a Syracuse, Kansas State y Michigan State. Jugaban la Final Four en casa, protagonizando un momento histórico en la competición y teniendo detrás a prácticamente todo aquel aficionado no relacionado con Duke de manera directa. Y justo hoy se dieron cuenta de todo eso. Esta noche se vieron muy alto, y se marearon un poco. Los Bulldogs volvieron a ser muy intensos, duros y aguerridos. Pero no fueron inteligentes. No mantuvieron el punto de frescura y concentración que exhibieron en los tres partidos anteriores. Nunca antes se había visto un Gordon Hayward tan revolucionado, tan acelerado. Las diferencias que marcaba su lectura de las situaciones, su toma de decisiones y su conexión con su equipo se perdieron desde el inicio. Y Butler las echó mucho de menos. Hayward forzaba las acciones, no veía a sus compañeros ni acertaba con el aro. Shelvin Mack se dejó todo su acierto en sus dos tempraneros triples y Nored estaba sobreexcitado, en parte para bien, demasiado para mal. La defensa exterior de Brad Stevens, una de las claves de la trayectoria de Butler, mantuvo su contundencia pero pierdo algo de orden. A principios de la segunda mitad ya se daba por hecho que, por primera vez, los Bulldogs recibirían más de 60 puntos en este torneo, y sólo el tremendo colapso de Duke en la recta final evitó dígitos mayores.


Es decir, que Hayward y Mack se vieron superados por las circunstancias, Matt Howard se perdió por el camino, Nored no encontró su momento y Hahn siguió siendo el de todo Marzo. Y aun así Butler tuvo una posesión para ganar el campeonato. Stevens y sus chicos apelaron a la épica, al orgullo. Duke amagaba con marcharse pero no tenía pegada, y en esa torpe percusión Butler recuperaba terreno siempre y se mantenía en el partido. Su circulación de balón era más corta, sin esos extra extra pases tan característicos. Pero entre carácter, defensa, fe y destellos y apariciones individuales (Avery Jukes escogió el papel de invitado sorpresa tan clásico en una final de NCAA) mantuvieron vivo el sueño.


Llegaba la jugada decisiva. Esa imagen que siempre se queda en la memoria y las videotecas. Matt Howard había anotado las dos únicas canastas en juego de los últimos cuatro minutos y medio, dejando a Butler a un punto (59-60). Kyle Singler perpetraba un horrendo tiro en suspensión y los Bulldogs disponían de la posesión definitiva. No había duda, balón a Hayward. El fantástico alero volvió a ejecutar antes de pensar. Volvió a cegarse, sin plantearse el pase (si bien es cierto que sus compañeros miraron en lugar de buscar buenas posiciones). Forzó pero sacó el tiro. Un lanzamiento con el defensor encima, cayendo hacia atrás…de esos que hubiesen ilustrado portadas y posters si hubiese entrado. Pero Hayward falló. Brian Zoubek recogió el rebote y recibió la falta con tres segundos por jugar. Un mal tirador de tiros libres que anotó el primer intento, el importante. Siguió indicaciones y lanzó el segundo a fallar para que Butler gastase parte del escaso tiempo restante en atrapar el rebote. Zoubek había dejado la frialdad y la concentración en el primer tiro, y lanzó el segundo demasiado plano (un tiro bombeado habría agotado al menos un par de segundos en caer tras rebotar en el aro) con lo que Hayward tuvo tiempo de hacerse con la bola y llegar a medio campo para tirar a la desesperada. Y casi entra. Un casi que separa de la gloria.


Duke repite título nacional tras el conseguido en 2001, después de un largo cúmulo de tropiezos y despropósitos. La ACC, además, se confirma como la conferencia reinante en cuanto a trofeos se refiere, recolectando su quinto entorchado (Duke ’01 y ’10, UNC ’05 y ’09 y Maryland ’02) en diez años. Pocos apostaban por los Blue Devils a principios de temporada, pero Coach K y sus chicos acaban el curso como campeones de su conferencia y del país. El mismo curso que su archirrival North Carolina se queda fuera de la Madness. La fiesta en Durham debe ser apoteósica.



One shining moment, recopilación de los mejores momentos de la March Madness 2010. Uno de los torneos más apasionantes de la historia de la NCAA. El torneo de los upsets, de las sorpresas, del trabajo colectivo por encima del brillo individual. El torneo de las risas de Northern Iowa, Saint Mary’s y Cornell. De las lágrimas de Georgetown, Villanova, Syracuse o Kentucky. De las prórrogas de BYU y Kansas State, de los buzzer beaters de Murray State o Korie Lucious. El torneo en el que Tom Izzo lo volvió a hacer. El torneo de Brad Stevens y sus Bulldogs. El campeonato que fue seleccionando a lo largo de un espectacular, largo y duro camino al mejor, al más fuerte. El torneo de Singler, Scheyer, Smith, Zoubek, Thomas, los Plumlee…el torneo de Duke.



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Noticia publicada por Alejandro González

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