Miércoles, 5 de agosto de 2020
La Opinión


05.09.09 | Juan Carlos Sánchez (2705 lecturas) [ Comenta el artículo ]
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La Selección: Pasión ficticia por el baloncesto


Como cada verano, la selección española de baloncesto vuelve a enamorar. En época estival, entre el mercado del fútbol, resurge el baloncesto convertido en el segundo deporte de este país. Vuelven los titulares de prensa, las páginas dedicadas al baloncesto, los minutos en los informativos, etc.¿Minutos dedicados al baloncesto? No. Son minutos dedicados a un fenómeno que ahora se conoce como "Ñmanía", antes conocida como la "ÑBA" (tengo que reconocer que este término no gozaba de mis simpatías precisamente).¿Por qué digo que no son minutos dedicados al baloncesto? Porque es puro humo; después de esos minutos no queda nada. El protagonista no es el baloncesto, sino los componentes de una selección que está haciendo historia y que tienen un tirón mediático enorme. Los hermanos Gasol, Felipe, Garbajosa, Navarro, Rudy o el más reciente Ricky Rubio son auténticos iconos deportivos que han sabido enlazar muy bien su imagen con la del público en general, y el joven en particular.Esa imagen de grupo de amigos, de tardes de pocha y videojuegos, de música y bromas, y de canciones populares que todos sabían al dedillo como el famoso "El busto es mío" de Riki López (cantado públicamente por todo el equipo tras la final del Mundial de Japón), han creado en esta selección la imagen de grupo de jóvenes normales, de la calle, lejos quizá del lujo y el derroche que suele acompañar a las estrellas mediáticas del fútbol, aunque para ser justos hay que reconocer que la selección de fútbol tras la Eurocopa se empieza a parecer mucho más a este modelo que al de los "galácticos", alejados de la realidad de la gente joven de este país.Y, por supuesto, los éxitos deportivos siempre tienen que acompañar. Ahí están los títulos. Pero, ¿Ayuda esto al baloncesto? Pues depende. El famoso grito de Pepu de "BA-LON-CES-TO" llevaba tras de sí un mensaje que no se ha conseguido transmitir. Es el mensaje de que este deporte vive todo el año, cada semana hay partidos de ACB y de Euroliga, y hay que seguir viéndolos. Impregnarse de todo lo bonito que tiene este deporte. Pero no, la selección recoge el equipaje a finales de septiembre, y como si de un bañador se tratase, el público guarda el baloncesto en el armario hasta el próximo verano. Una lástima.Pero este fenómeno no debe extrañarnos. ¿Quién sigue la Fórmula Uno ahora que Alonso sólo aspira a quedar entre el quinto y el octavo? Miren las audiencias. ¿Y torneos como Roland Garros o Wimbledon cuando Rafa Nadal no los ha disputado? ¿Es que acaso tenía el Tenis o en menor medida la Fórmula Uno un tirón popular en este país tan grande como para tener a varios millones de personas sentadas frente al televisor? No. Tiene sus seguidores más fieles, y esos no se perderán un Federer-Murray por nada del mundo, igual que nosotros jamás nos perderíamos un CSKA-Panathinaikos.El resto es un espectador deportivo flotante, al que un icono ganador como Nadal o Fernando Alonso les hace pegarse al televisor. ¡Qué bien supo Telecinco acercarnos durante horas el lado más personal de Fernando Alonso para que todo el país tuviese un cariño por la persona e ir de la mano a hacerle ganador!La lástima es que el fenómeno de la selección española de baloncesto pasará, terminará, como cualquier otro. Si no es por la derrota, lo será por el desgaste de la imagen de sus jugadores, que se irán retirando, o bien perdiendo frescura. ¿Y qué quedará de herencia para el baloncesto? Me temo que menos de lo que debería. El fenómeno de la Fórmula 1 puede pasar, pero los comentarios de Pedro Martínez de la Rosa han servido para que todos conozcan los tipos de neumáticos, las paradas en boxes, etc. El temor que me da es que tras tantos amistosos y campeonatos, el espectador deportivo itinerante no sea capaz de distinguir a simple vista un bloqueo directo de uno indirecto, o una defensa en zona de una individual.Para la ACB la fórmula narrador, jugador y entrenador (magnífica de manos de Creus y Scariolo) es muy recomendable. En estos partidos de la selección no es necesario tanto rigor, pero tanto a Iturriaga como a Epi se les debería pedir que aprovechasen los partidos para explicar poco a poco ciertas nociones básicas, en lugar de perderse en la broma y el pique constante.Terminado el verano, terminarán también los titulares y los minutos dedicados al baloncesto en prensa, radio y televisión. Se bajará el telón de la "Ñmanía", y el baloncesto volverá al anonimato. Entonces nos tocará a nosotros quedarnos con él y mimarlo durante todo el año para que no camine sólo. Yo, que vivo en Málaga, reconozco ser un privilegiado en este deporte, pues además de contar con una legión permanente de 10.000 aficionados, su equipo de baloncesto, y el baloncesto en general, cuenta con bastante arraigo en la ciudad, y te hace sentir muy bien acompañado. Mi admiración va para aquellos aficionados donde el baloncesto en su ciudad es un deporte muy minoritario y se encuentran bastante solos a la hora de mantener vivo este deporte.Otro tema que merece ser debatido son las fórmulas para hacer que el baloncesto, tanto nacional como europeo, pueda ser más atractivo. Saber vender bien el producto para que el espectador deportivo rechace otras opciones y se quede sentado frente al televisor para ver baloncesto. Es otro debate, sin duda, pero desde luego, no hay que confiarse con el tirón de la selección, pues éste éxito es pasajero y en poco o nada se traduce en beneficios para el baloncesto del resto del año.



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