La Opinión
Munich 1972: Tres segundos que marcaron la historia (I)
Marc Bret  | 11.02.2018 - 19:59h.
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Los tres segundos de la final de los JJOO de 1972 han pasado a la historia de las competiciones internacionales de baloncesto. No en vano incluso un periodico británico como The Guardian lo incluía en su Top 50 de los grandes momentos de los Juegos


Desde hace unas semanas la final de Munich ha vuelto a ser de actualidad en Rusia gracias al estreno de "Dvijenie vverj", película cuyo título es el mismo que el de la autobiografía de Sergey Belov, publicada en 2011. Para los curiosos, puede traducirse como algo parecido a "movimiento vertical", imagino que en honor al mortífero lanzamiento en suspensión del ya fallecido escolta ruso/soviético. Sin embargo, la película no se centra sólo en la figura de Sergey Belov, sino en el equipo que ganó la medalla de oro en Munich. Obviamente, la historia está contada desde el lado ruso y hay maniqueísmos a tutiplén, aparte de tomarse unas (o muchas) licencias a la hora de presentar los hechos. De hecho, la viuda de Vladimir Kondrashin, el seleccionador de aquella URSS en la Olimpiada, no autorizó el uso del nombre de su marido. En cualquier caso, es una película entretenida y, cómo bien sabemos, el típico "basado en hechos reales" se puede interpretar de manera muy laxa.


El torneo de baloncesto en los JJ.OO. de Munich 1972 fue memorable por una razón: significó la primera vez que el equipo americano, eterno dominador del deporte de la canasta, perdía un partido en la competición olímpica. Para más inri, la derrota fue ante su íntimo rival de la Guerra Fría, lo cual hizo que doliera aún más. Sin embargo, los sucesos del final del partido han sido cuestión de disputa hasta el dia de hoy, con los jugadores americanos negándose aún a aceptar su derrota. Cada vez quedan menos de los jugadores que participaron en aquella final, especialmente del lado soviético, en el que sólo cuatro de los integrantes de aquél equipo siguen todavía vivos: Anatoly PolivodaIvan EdeshkoAlzhan Zharmukhamedov y Modestas Paulauskas. Cojamos el DeLorean para transportarnos a finales del verano de 1972.


EL CONTEXTO


Durante toda la Guerra Fría el deporte fue un campo de batalla en el que ambas superpotencias podían competir y ganar puntos de cara a demostrar la superioridad de su sistema. El deporte tenía además la ventaja añadida de que esa competencia no implicaba consecuencias nefastas para todo el planeta. La politización de los Juegos y el deporte en general es un tema que puede dar mucho juego y sobre el que ya hay mucha literatura, así que no nos meteremos mucho en ello. La realidad es que, pese a la polémica que se vivió en cancha, la contienda estaba en uno de sus momentos más plácidos. La crisis de los misiles de Cuba, quizás el momento álgido de la confrontación que marcó la segunda mitad del siglo XX, quedaba ya atrás en el tiempo. La administración de Nixon intentó rebajar la tensión con la política de "détente", y ese "agree to disagree" posibilitó que llegaran acuerdos como el SALT-I, firmado unos pocos meses antes de los JJ.OO. de Munich, o, tres años más tarde, los acuerdos de Helsinki.


Curiosamente, al poco de comenzar los Juegos se confirmó la derrota de Boris Spassky ante Bobby Fischer en el duelo por el título de campeón mundial de ajedrez, deporte que los soviéticos dominaban con mano de hierro desde hacía ya más de un par de décadas. Los americanos ganando en ajedrez mientras los soviéticos ganaban en baloncesto. El mundo al revés, debieron pensar algunos en aquellos días.


LOS EQUIPOS


El equipo americano estaba entrenado por Henry Iba, doble campeón olímpico. Pese a su historial, su elección puede considerarse como discutible, pues ya llevaba dos años retirado de su sempiterno puesto en Oklahoma State. La elección más lógica desde el punto deportivo hubiera sido John Wooden, en plena racha de victorias con UCLA. Además, la presencia de Wooden en el banquillo es probable que hubiera significado la presencia de Bill Walton en cancha. Ciertamente un pívot de su nivel hubiera dado otra dimensión al equipo olímpico. Doug Collins, uno de los jugadores más destacados del Team USA y que sería número uno del draft del 73, reconoce que con Walton la historia hubiera sido muy diferente. Otros jugadores que podrían haber sido decisivos también se perdieron por el camino: Julius Erving, el futuro Dr J, ya había jugado en el Team USA en una gira por Europa, pero dio el salto al profesionalismo en 1971 en la ABA. Recordad que todavía estamos en los tiempos del "amateurismo" en los JJOO y el Dr. J, cómo profesional remunerado, ya no era elegible para el equipo olímpico. Mientras tanto, Swen Nater, compañero de Bill Walton, sí estuvo en la preparación, pero acabó marchándose por su propio pie a causa de la dureza de los entrenamientos de Henry Iba. Todas esas ausencias, como es lógico, mermaron notablemente el potencial del equipo.



Selección de Estados Unidos de 1972



Henry Iba


En la URSS, tras varios años en la selección sin conseguir el éxito olímpico, Gomelsky dejaba paso al entrenador del Spartak de Leningrado, Vladimir Kondrashin, que en aquellos momentos se empezaba a vislumbrar como una alternativa creíble al dominio del CSKA. Presuntamente Gomelsky tuvo un lío en la aduana soviética típico de la época, si bien los malos resultados en 1968 y 1970 probablemente tuvieron algo que ver. Kondrashin era un técnico genial, muy inteligente a nivel táctico y quizás uno de los primeros entrenadores europeos en poner énfasis en el trabajo defensivo. Prueba de ello es la victoria de la URSS en la final del EuroBasket 1971 dejando a Yugoslavia en unos meros 64 puntos, o los duelos a 60 puntos entre el Spartak de Leningrado y el CSKA de Moscú. En la plantilla, amplia presencia de las generaciones del 44-45, (PaulauskasSergey BelovZharmukhamedovSakandelidze), en plena madurez deportiva, se unían jugadores como Aleksandr BelovMisha Korkia o Aleksandr Boloshev para formar un equipo muy completo en todas las posiciones, quizás el mejor que había tenido nunca la URSS.



Selección URSS de 1972



Vladimir Kondrashin


EL TORNEO


Ambos equipos llegaron a la final sin perder un solo partido. El equipo de Henry Iba había arrasado a la mayoría de sus rivales, si bien España consiguió aguantarles media parte y Brasil llegó a estar siete puntos arriba a mediados de la segunda parte, pero una furiosa reacción en los últimos minutos le dio la vuelta al partido. Por su parte, la URSS doblegó no sin problemas a la Yugoslavia de Cosic, que se quedó fuera de las semifinales tras un triple empate con Italia y Puerto Rico que clasificó a los transalpinos. Fue en semifinales donde los de Kondrashin sufrieron de lo lindo ante una Cuba muy correosa, de la que no lograron despegarse hasta mediados de la segunda parte gracias al buen hacer de Aleksandr Belov (67-61). Como se esperaba, las dos superpotencias se encontraban de nuevo en la final, al igual que ya había ocurrido en los JJ.OO. de 1952, 1956, 1960 y 1964.


Poco antes de las semifinales, el ataque terrorista había conmocionado al mundo y a los propios atletas, e incluso se especuló con la cancelación del resto de los Juegos. Sin embargo, el polémico (racista y baboso) Avery Brundage, en un famoso discurso, alegó que "The Games must go on", si bien la comparación que hizo del ataque terrorista con la exclusión de Rhodesia de los Juegos fue objeto de feroces (y muy merecidas) críticas.



Ivan Edeshko


LA FINAL


La final se juega el 9 de septiembre, si bien el partido comienza, curiosamente, a las 23:30, para acercar el partido al prime time americano. Se suceden bastantas imprecisiones por ambos bandos en los primeros minutos. La URSS consigue las primeras ventajas gracias a la velocidad de Sakandelidze en los contraataques. La defensa soviética está muy bien posicionada, y los americanos no consiguen estrenarse en el electrónico hasta el minuto cuatro con un tiro libre de Dwight Jones. El partido se está jugando al ritmo que más interesa a la URSS. Las buenas noticias siguen para los de KondrashinSergei Belov empieza a carburar y anota los siguientes diez puntos de su equipo con varios tiros desde la media y larga distancia. El marcador señala 21-11 después de 12 minutos, fiel reflejo de la superioridad soviética. Los americanos ajustan la defensa sobre Belov y reducen distancias hasta el 26-21 al final de la primera parte.



Aleksandr Belov, el héroe de los tres segundos


La segunda parte continua el guión de la primera. Los de Iba no logran zafarse de la férrea defensa soviética, anclada en la presencia en la zona de Alzhan Zharmukhademov y Boloshev. Las canastas se suceden a con cuentagotas y la URSS sigue manteniendo una exigua ventaja de 5-6 puntos. La tensión se palpa en el ambiente, Korkia y Jim Brewer se enzarzan en la lucha por el rebote. Los árbitros logran separarles, pero ambos son expulsados del partido. La URSS se aferra a su defensa numantina y a Sergei Belov para pegar otro pequeño estirón, 44-36 cuando faltan sólo seis minutos. Ahí saltan todas las alarmas en el equipo americano. Los jugadores en pista hacen un corrillo y se conjuran para remontar el partido. Comienza la temida presión toda la cancha. La URSS tiene problemas para colocarse en ataque ante la avalancha de manos e intensidad defensiva que se les viene encima. Los nervios se hacen notar en el equipo soviético: fallos en los tiros libres, errores en los pases y pérdidas de balon. Incluso tienen que retroceder a su propio campo (no había campo atrás en ese momento) en varias ocasiones.


"No nos podíamos creer que fuéramos a ser campeones olímpicos" (Modestas Paulauskas)


"Nadie quería el balón en los últimos minutos. Todos nos escondíamos. Era un presión inaguantable la que sufríamos" (Sergey Belov)



Sergey Belov, la estrella del equipo soviético


La URSS se agarra a su exigua ventaja. El marcador señala 48-46 a favor de los soviéticos cuando se entra en el último minuto. Sergey Belov fuerza la quinta falta de Mike Bantom, pero sólo anota uno de los tiros libres. En el otro lado, Jim Forbes anota desde la media distancia para reducir la ventaja soviética a un solo punto. Quedan cerca de 40 segundos para el final. Los americanos presionan y hacen dos contra uno constantes. El balón circula con buen criterio entre los jugadores soviéticos pero nadie se atreve a mirar el aro. Con poco más de 10 segundos en el cronómetro el balón llega a Aleksandr Belov en el poste bajo. Acuciado por el reloj de posesión intenta levantarse, pero se lleva un tapón de Tom McMillen. El propio Aleksandr recoge el rechace e intenta un pase al perímetro. Error. Doug Collins lee perfectamente la acción, corta el pase y sale disparado hacia el aro rival. Sakandelidze solo consigue frenarle con una dura falta. Pese al duro golpe recibido y a la enorme tensión, el joven jugador anota los dos tiros libres. Los americanos consiguen su primera ventaja en el marcador a falta de tres segundos para el bocinazo final.


Y entonces se desata el caos...


 


(continuará...)



Codigo Luckia



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Artículo publicado por Marc Bret

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