La Opinión
Las Historias de Sunara: Ranko Zeravica y Boris Kristancic, in memoriam
Iván Fernández  | 01.11.2020 - 14:03h.
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El pasado jueves se cumplieron cinco años del fallecimiento, con tan sólo unas horas de diferencia, de Ranko Zeravica y Boris Kristancic, dos de las personalidades más importantes de la historia del baloncesto yugoslavo y, por extensión, del europeo. En el caso del primero, incluso me atrevería a decir que casi la más relevante, o al menos la más especial. Siempre se habla, y es justo que así sea, de la influencia de Nikolic, pero antes de su "conversión" tipos como Bata Djordjevic, Bozidar Maljkovic (5 años en el Estrella Roja) o Dusan Ivkovic en el Partizan fueron asistentes de Ranko. Queda, con Zeravica, el consuelo de la extraordinaria lucidez que mantuvo casi hasta el final. Pocos ex-entrenadores, y menos a su edad, se mantienen tan al tanto de lo que ocurre en el basket, y en su casa de Zaragoza vivía literalmente entre parabólicas siguiendo una barbaridad de ligas.

 


 

Campeón del mundo en el 70, olímpico en el 80, de la Korac con el Partizan, el hombre que moldeó el Barcelona de baloncesto que conocemos... y muy por encima de todo eso probablemente el mayor ideólogo en el buen sentido de la palabra que ha tenido este deporte en Europa. Sus logros deportivos ahí están y son innegables (a los ya citados hay que unir otra plata olímpica, otras dos mundialistas, otras dos europeas...), pero su trabajo en la organización y en el avance del juego creo que está por encima. O sus pasos atrás -vistos desde fuera, que para él no lo eran-, como cuando tras salir del Partizan se fue al KK Pula de segunda y así mil cosas más. Habría que hablar de aquel equipo junior que se llevó al EuroBasket absoluto de 1967, mil veces machacado... y germen del que ganaría el Mundial tres años después. O de cómo fue capaz de volver a la selección junior, ganando por ejemplo los Juegos de los Balcanes en Kraljevo en un equipo en el que estaba Bogdan Tanjevic (también el gran Aljosa Zorga, Plecas o Kapicic).

 

Al hilo de aquel EuroBasket de 1967, un poco de perspectiva. Con la cadencia distorsionada desde casi sus inicios, el Mundial de Yugoslavia 1970 fue el primero en disputarse en Europa y a su vez el primero en celebrarse sin sobresaltos en el calendario, iniciando una periodicidad que no se rompería hasta el pasado Mundial de China. Pues bien, por esos caprichos, el anterior Mundial se había disputado en 1967 en Uruguay. Como quiera que ese año también se disputaba EuroBasket (en Helsinki), Ranko Zeravica optó por formar dos equipos bien distintos. Loado por la plata mundialista, el gran Zeravica se llevó varios "palos" por el noveno puesto en el Europeo... en lo que bien pudo ser la primera piedra del éxito posterior. Ni corto ni perezoso, el técnico de Novo Milosevo se llevó a cinco juniors a aquel EuroBasket de la generación que había sido plata en su categoría (por cierto, también estaba Tanjevic): Cosic, Kapicic, Simonovic, Zorga y Solman, y a ellos cinco en el Europeo se sumaron jóvenes como Skansi. Ellos 6, y pese a la baja de Bassin en el Mundial, serían campeones en 1970. Sembrar para ganar, o como nada es casual…

 


 

Increíblemente, el mismo día que fallecía Zeravica lo hacía también Boris Kristancic. El primer gran nombre propio de la historia del Olimpija y posiblemente de todo el baloncesto esloveno. Natural de Montenegro, Kristancic fue uno de los primeros jugadores de relevancia en Yugoslavia, con la que disputaría tres Europeos y los Juegos Olímpicos de 1960. Con todo, será su labor como entrenador y formador la que le reservaría un hueco en la historia, ya que con sus métodos modernizó todo el baloncesto de Ljubljana, y por extensión el de toda Eslovenia. Amén de su labor como entrenador, Kristancic simultaneó durante un tiempo el cargo con el papel de jugador, aunque en la cancha su labor tenía más que ver con la ascendencia grupal que con el juego en sí.

 

Tras media vida en Eslovenia, Kristancic cerraría su etapa en los banquillos de primera fila en la LEGA dirigiendo durante varios años al Snaidero Udine. En 1957 había sido el de la consagración definitiva y con solo 4 derrotas en 18 partidos, el Olimpija de Kristancic se proclamaba por primera vez campeón nacional. Los héroes de aquel triunfo serían Janez Bajc, Primož Brišnik, Ivo Daneu, Bogo Debevc, Matija Dermastja, Igor Jelnikar, Marjan Kandus, Peter Kralj, Boris Kristančič, Jože Lampič, Miha Lokar, Rudi Pertot, Jože Podboj, Sašo Poljšak y Janez Škrjanc. Lejos de ser una excepción, el título de 1957 inauguraba el período más glorioso de la historia del Olimpija sumando otros 5 títulos ligueros (1959, 61, 62, 66 y 1970). Con los años sería Presidente del Strucni Savet yugoslavo, con un papel fundamental. Y es que, al margen de su grandeza en los banquillos, hay algo más que conectaba a Zeravica y Kristancic: su visión de futuro.

 


 

Poco después del Mundial de Ljubljana hubo un simposium, que duró varios días, en el que se reunieron en el complejo Kosutnjak de Belgrado los 66 mejores técnicos de Yugoslavia bajo la supervisión de Zeravica, Mirko Novosel y Boris Kristancic. La idea había surgido del propio Zeravica, que lejos de conformarse con el oro mundialista advertía de los peligros de la autocomplacencia y de la necesidad de trabajar a largo plazo. Otra vez el ejemplo del 67, pero esta vez a lo grande. El objetivo era establecer un funcionamiento sistémico y coordinado del trabajo con los jóvenes, así como sentar las bases para una estructura común para las selecciones senior y de categorías inferiores, tanto en masculino como en femenino. Ese sistema, integral, metódico y literalmente científico acabó creando el Kosarka que conocimos en los 70 y 80.

 

He aquí la portada del informe de 100 páginas que elaboraron como mínimo homenaje a dos figuras irrepetibles en lo deportivo, en lo organizativo y por encima de todo, en especial en el caso de Ranko, en lo humano.

 


 

Guardo en casa la entrevista de casi cinco horas en su casa de Zaragoza que Juanan Hinojo le hizo a Ranko de cara a la publicación de "Sueños robados...". Cinco horas sin desperdicio, vigentes como en su momento y que son, sin duda, lo más valioso que he llegado a tener en mi "archivo" baloncestistico. Voy a ponerme a escucharla de nuevo como homenaje ante todo a un hombre bueno y también a la que creo la figura más relevante deBorl baloncesto que yo amo. Hay muchas maneras de entender el baloncesto y casi todas ellas legítimas, pero yo me quedo con la de Zeravica. La que no supedita todo al triunfo final y huye del presente como modo de vida y de la tiranía de los títulos per sé, sin que ello suponga renunciar a nada de ello. Hvala, maestro!!



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Artículo publicado por Iván Fernández

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