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La Opinión


17.08.09 | José M. Zabía (2381 lecturas) [ Comenta el artículo ]
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Ettore y su guardia pretoriana, revolución en la Casa Blanca


Se aprecia una relativa incertidumbre entre el aficionado madridista. No es necesario más que acudir a foros y algunos bloggers que empiezan a preguntarse por la limpia que se está produciendo en el vestuario blanco, y si es necesaria tamaña extensión de la misma. Si con la marcha de Raúl López y Mumbrú, dos cupos que forman parte de la mejor selección española de la historia, más de uno y de dos alzaron la ceja en señal de cuando menos sorpresa por no haber intentado retener sus servicios o indignación por las palabras claras y contundentes de Maceiras donde decía que ninguno de los dos respondía al perfil de base y alero titulares que buscaba el equipo, con los últimos rumores que apuntan a la salida de Brad Oleson y Axel Hervelle del equipo, no pocos aficionados empiezan a plantearse cuál es el rumbo del barco patroneado por la doble eme.


En círculos de debate baloncestístico donde participo siempre se me acusa de ser un excesivo defensor de Ettore Messina. Sucede que dicha condición, si acaso se diera, es poco meritoria por mi parte pues resulta realmente sencillo elogiar la trayectoria de un entrenador que ha llegado a diez F4 de las últimas veinte, que ha llegado a las cuatro últimas finales de Euroliga y que ha ganado cuatro entorchados continentales. Se puede ser un excesivo defensor de fracasos, nunca de éxitos continuados y prolongados en el tiempo, que se defienden solos. Además de sus resultados, allá donde ha ido, con estilos de juego muy diferentes ha logrado obtener un muy buen rendimiento de inmensos jugadores (empezaría por Danilovic en sus tiempos de Bolonia y podríamos acabar en jugadores como Papaloukas o Siskauskas en sus últimos años en Moscú) y en otras muchas ocasiones hacer evolucionar a jóvenes jugadores que han acabado convirtiéndose en súper estrellas europeas; podríamos hablar de tantos y tantos jugadores como Smodis, Jaric, Nesterovic, y un largo etcétera. No es, eso sí, el objetivo de este comentario explicar qué jugadores ha tenido a su cargo el italiano durante su carrera.


El currículum de Ettore Messina es realmente cercano a lo impecable. Si se le añade a esa pieza del puzzle la de un inmenso conocedor del baloncesto nacional y europeo como es Antonio Maceiras, con muchas de las cualidades necesarias para constituir un gran director deportivo, se llega a que las expectativas sobre el proyecto del Real Madrid debieran ser muy importantes. Sin embargo, empieza, reitero, a detectarse un cierto tufo de sospecha capitalizado en los casos que he comentado anteriormente y en la incapacidad del Real Madrid de contratar a las grandes súper estrellas del mercado como Holden, Siskauskas, Anthony Parker, Ricard Rubio o Ioannis Bouroussis.


Empecemos con esto último. Todas las incorporaciones de relumbrón que el aficionado madridista podía esperar han sido imposibles por cuestiones bien de salarios excesivos, porque los jugadores han preferido permanecer en sus clubs o porque la NBA sigue siendo un mundo aparte con el que no se puede competir. El modelo florentiniano del fútbol tiene difícil importación en el baloncesto europeo. No existe el sustento mediático necesario para hacer rentables pagos de grandes cantidades de dinero por determinados jugadores, salvo los más reconocibles de la conocida como ÑBA. En ese sentido se ve el intento denodado de contratar a Ricky Rubio, sobre cuyo fichaje tenía un acuerdo Maceiras con Villacampa hace un par de semanas.


Dicho lo último pasamos a lo anterior, que es las dudas sobre la composición de lo que parece ser que es la plantilla y los movimientos que están tomando los dirigentes blancos. Antes de analizar casos concretos, se debe decir que Messina es un entrenador que muestra a las claras que los sentimentalismos no deben existir en baloncesto y que las composiciones de plantilla deben apostar por ser tremendamente competitivas. El aficionado madridista manifiesta pena por perder a jugadores como Raúl López, Mumbrú o Hervelle, cuando no debiera olvidársele que el rendimiento de estos jugadores como titulares no ha conducido en los últimos años a obtener ningún título de los seis disputados por el club en las últimas dos temporadas. Y que durante los años que alguno de los tres ha jugado en el club, el Real Madrid nunca ha llegado a las mas altas aspiraciones continentales. Como titulares, cuando menos, no consiguen llegar al club al nivel que por historia y presupuesto posiblemente merezca.


En el caso de Raúl López, su renovación automática mantenía un salario absolutamente fuera de mercado para un jugador de grandísima calidad pero con aportación escasa para dicho salario. Si el jugador decide rápidamente valorar otras opciones, poca objeción. El caso de Mumbrú supone el de un jugador al que se le realiza una oferta por parte de Iurbentia por tres años de contrato en términos económicos superiores a los que cobraba en Madrid, ante la cual el club decide de buena lógica no renovar. El belga Hervelle es el último de la lista de damnificados, produciéndose amplias dudas entre los aficionados. Su rendimiento para un salario de estrella en el entorno de 1,2 millones netos es insuficiente a ojos de Messina, que no porta el componente sentimental del aficionado madridista que ha visto evolucionar al jugador belga en estos últimos años.


Mención aparte huelga el caso de Brad Oleson. La posibilidad de reforzar a un rival directo con un jugador que tiene visos de explotar y de poder repetir el caso Rakocevic resulta desoladora a ojos de los aficionados. Buena lógica tienen cuando se preguntan y plantean la viabilidad de la operación que traería a Prigioni, así como la que reemplazaría a Garbajosa por Hervelle. Un símbolo del club y una futura estrella a cambio de dos jugadores, uno archirrival durante años y el otro, un jugador que ya en dos ocasiones ha rechazado vestir la camiseta blanca cuando fichó por Unicaja y Khimki en veranos pasados.


Seré abogado del diablo, de nuevo, como en el pasado artículo sobre Ricky Rubio. Y convencidísimo, a pesar de mi devoción absoluta por el alaskeño Oleson, que conjuga intensidad en ambos lados de la cancha. Con decisiones claramente impopulares, Messina demuestra que quiere un equipo a su medida. Con decisiones que traen jugadores en el albor de los treinta años muestra asimismo que su proyecto busca obtener títulos desde ya. No es un proyecto a futuro sino compuesto por un grupo de jugadores veteranos. Messina no viene a contentar al público ni al aficionado con su elección de plantilla sino que viene a ganar. A título personal, a uno le resultaría digno de preocupación enfrentarse a un equipo con tales veteranos en un último cuarto de cualquier competición. Jugadores curtidos y a los que no tiembla la mano. Este equipo está hecho para vencer en partidos a cara de perro, mucho más que preparado para largas competiciones.


Con contrataciones generalmente en forma de contratos de 1+1 Messina responde a una necesidad en baloncesto de sostener motivaciones. Muchos ejemplos y casos viene afrontando el Real Madrid durante los últimos años de jugadores jóvenes que no han explotado y la apuesta por el tiro exterior y elevar el tono defensivo, sobre todo en el juego exterior, es clara. Jugadores como Prigioni, Kaukenas o Hansen aportarán una gran veteranía y capacidad de resolver en momentos difíciles, que era uno de los patrones que sugería y necesitaba el entrenador cuando hablaba de qué buscaba en sus fichajes. Capacidad de resolver en momentos difíciles y elevar el tono físico del equipo.


La edad en el baloncesto europeo no es excesivamente importante, reitero, sino el aspecto motivacional. Equipos como el CSKA de los últimos años atestiguan que con una media de edad elevada se puede ser altísimamente competitivo. La idea, en este sentido, de Messina es clarísima. Un grupo de jugadores duros psicológicamente y cortados por un patrón de elevada inteligencia en su despliegue de juego. Si uno revisa los perfiles de Prigioni, Kaukenas, Hansen, Garbajosa o Velickovic encuentra claramente dichas cualidades. Recuerda la composición de plantilla a la de un Montepaschi Siena que viene paseándose estos últimos años en Italia y siempre bordeando Final Four: jugadores con una serie de cualidades que se realimentan entre sí en un entorno de elevadísima profesionalidad.


De hecho, solamente le falta la pequeña excepción que suele haber en todas las plantillas de Messina que es la del jugador díscolo o con ciertas dudas sobre su perfil psicológico y adaptación a un colectivo con un carácter tan impreso en el esfuerzo y el compromiso. Ese apunte me hace considerar la opción de Carlos Delfino como 3 que pondría la guinda a lo que sería un inmenso equipo. Delfino con Messina podría ser un jugador diferencial a nivel europeo.


Revisado el aspecto psicológico comentar que en la parte física, a la que dedico bastante menos del espacio que seguramente debiera, las únicas dudas, quizás, debieran venir dadas por la rodilla de Hansen y la espalda de Lavrinovic, que no son pocas sinceramente, pues hablamos de dos piezas clave en el proyecto Messina 2009/2010. Esperaremos, pues, a ver cómo completa el italiano (y, obviamente, su director Antonio Maceiras) el puzzle y a qué cotas lleva al equipo blanco. De lo que no hay duda es que este año se han optado por hombres más que nombres. Inteligencia más que estadística. Una guardia pretoriana. Y, por supuesto, el gran coronel Ettore al mando.



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